domingo, 5 de marzo de 2017

San Agustín de Hipona - Sobre la doctrina cristiana (Libro I: Reglas del hombre) (395).

Nada es en vano cuando se quiere ser un cristiano, es decir, nada puede ser hecho al azar, pues, en todo caso, la decisión de ser cristiano es difícil para cualquier hombre. ¿Sómos capaz de amar al prójimo tanto como a nosotros mismos? ¿Somos capaces de dar y no recibir nada a cambio? Realmente es difícil ver en qué sentido se puede ser cristiano. San Agustín de Hipona nos trae esta vez el modo de recoger la doctrina cristiana, no sólo de un modo moral, sino que también filosófico y cristiano. Veamos lo que espera de nosotros el santo de Hipona.

Referencias:

(1) Percepción parecida a la de Plotino quien decía que el Uno sólo se alcanzaba con la intuición. 


Definiciones:

(1) Inefable: algo que no se puede explicar con palabras

SOBRE LA DOCTRINA CRISTIANA

LIBRO I: REGLAS DEL HOMBRE

Diferencias entre cosa y signo


Habíamos visto en el libro ''Sobre el maestro'' la diferencia entre signo y significable. Ahora tenemos el concepto de cosa y signo. 

Por supuesto, las cosas por sí mismas no nos dan un significado concreto: una vara, una piedra o una bestia, son palabras que sin un signo no pueden significar nada. De ahí que sepamos que el signo sirve para ''dar a conocer las cosas''; todo signo es una cosa, pero no toda cosa es signo. 

De todas las cosas, unas usamos debidamente y otras indebidamente. Puede ser que en el goce de la dicotomía de estas cosa, las que usan indebidamente nos dan más gusto que las otras. Por supuesto que lo más correcto será dar uso a las cosas debidamente, y si es con gozo será mucho mejor, pero independiente del placer que produzcan siempre se deben usar debidamente las cosas. 

El gozo y el uso

El gozo es adherirse a una cosa por amor, mientras que el uso es el empleo para conseguir lo que se quiere. 

Lo único que se debe gozar para no caer en impiedad y en tristeza son las cosas espirituales. La Santísima Trinidad es el principio de todas las cosas y el gusto de esta trinidad será la salvación para todos lo hombres. En efecto, la Santísima Trinidad compone al Padre, el Hijo y el Espíritu Santo, y estas significan cada una por sí mismas:

  • El Padre es la unidad
  • El Hijo es la igualdad
  • El Espíritu Santo es la armonía de la unidad y la igualdad

Sin embargo, no hay que confundir la idea de que el Padre es Hijo o el Hijo es Padre, al contrario, cada uno es su propia esencia; los tres son uno, pero ninguno de los tres se mezclan. 

La inefabilidad(1) y el conocimiento de Dios

¿Es realmente Dios inefable? Si dijéramos que es inefable, entonces estaríamos diciendo que es algo. Sin duda que la única forma de pronunciar su verdadero significado sería callar, ya que nadie conoce a Dios por sólo decir la palabra ''De-us''(1)

Ahora, no por esto vamos a decir que Dios no es nada a causa de que nuestros sentidos ni nuestra inteligencia puede abarcarlo. La única forma en que podemos concebir a Dios por medio de nuestra sabiduría, es por medio del Hijo que vino a nosotros a darnos las bienaventuranzas. De aquí nos viene la sabiduría de Dios.

Y el verbo se hizo carne

Como hemos dicho en otros libros de San Agustín, el verbo es el mismo Jesús. Cuando el verbo se hizo carne lo hizo con el motivo de que el hombre pudiera comprender lo que Dios quería para nosotros. 


Cristo y su relación con los hombres

Como lo dice la tradición apostólica, la Iglesia se considera el cuerpo de Cristo. Es por eso que es ahí donde se perdonan los pecados, así como también se realizan las confesiones con las cuales los hombres se sienten mejor. 

Una fuerte parte de esto es la creencia, pues quien cree que la Iglesia perdona los pecados, entonces esa persona será perdonada; más, quien no cree que la iglesia tiene esa facultad, entonces no será perdonado. 

Lo más próximo que pueden estar los hombres de hoy a Cristo, es a través de la Iglesia, porque es esta el cuerpo de Cristo.

La carne y el espíritu

De entre todas las cosas, el ser humano es una de las mejores cosas porque está hecho a imagen y semejanza de Dios. La cuestión que proviene del principio de que ''somos cosas'', es si verdaderamente debemos disfrutar y usar de nosotros mismos. 

¿Se debe gozar o usar al ser humano? Si goza de sí mismo se adora a sí mismo, pero si usa de sí mismo es porque goza algo más. Agustín, por supuesto, dice que el hombre debe usar a sí mismo para adorar a Dios, y nunca gozarse de sí mismo. Por supuesto, el hombre debe usarse a sí mismo para gozar de Dios y no de sí mismo. Así decía el profeta Jeremías

''Maldito el que pone la esperanza en el hombre''
(Jeremías 17:5)

Gozarse a sí mismo es gozarse de la carne y dejar de lado la vida espiritual. Quizás puede ser confuso leer esto y después ver el Mateo 19:19 donde dice ''Amarás al prójimo tanto como a ti mismo'', pero antes de ver el Mateo también hay que poner atención en el Levítico:

''Ama a tu prójimo como a ti mismo; pero a Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma y con todo tu entendimiento''
(Levítico 19:18)

Esto quiere decir que se puede amar al prójimo y a uno mismo, pero a Dios se le ama espiritualmente lo cual es mucho más importante que amar a las cosas (entendiendo que ''personas'' entra en la categoría de cosas). Ahora, que por amar no se entienda gozar del prójimo, pues eso sería gozar lo material. Se debe amar al prójimo con la intención de que ellos también puedan conocer la gracia de Dios. 

Cuerpo en sí

A pesar de que el hombre no debiera gozar de sí mismo y por lo tanto de su cuerpo, no es cierto que el hombre odia su cuerpo debido a esto. Lo que realmente odia el hombre es el peso y la corrupción del cuerpo. De hecho, aunque un hombre diga que ama el dinero más que a sí mismo, el dinero lo utilizará para satisfacer su cuerp de alguna forma (comiendo o vistiéndolo). 

Dios y el amor hacia nosotros

Un hombre puede amar a otro (o a una mujer) siempre y cuando el objetivo de ese amor sea Dios. Eso sí, ningún hombre que sea pecador puede ser amado, sólo a aquellos que pueden verse que adoran a Dios. A los hombres pecadores sólo le podemos tener caridad y ayudarlos a reencontrar el camino.

De este modo, incluso nuestros enemigos deben ser amados por nosotros, pues estos no nos pueden quitar nada de lo que amamos siempre y cuando amemos a Dios. 

El uso en Dios

Bien podríamos preguntarnos si verdaderamente es Dios quien usa de nosotros, o si más bien es Dios quien goza de nosotros. Por supuesto que la respuesta de San Agustín es que Dios usa de nosotros, pues nada de gozo puede encontrar en los seres humanos.

Conclusión

Esta es aún la primera parte de la doctrina cristiana que San Agustín se propuso escribir en este texto. Este libro puede complementarse de manera cristiana con el libro ''Sobre el Maestro'' donde se tratan temas lingüísticos como el signo o el significable. Lo especial es que aquí vincula tales conceptos con el amor a Dios y a las Sagradas Escrituras. San Agustín crea de manera resumida el concepto de amor en Dios, un texto que incluso habría sido de gran ayuda a Hannah Arendt en su tesis titulada ''El concepto de amor en San Agustín''. Suficiente hemos hablado de la primera parte, vamos a la segunda. 

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