viernes, 22 de julio de 2016

Marco Tulio Cicerón - De Finibus Bonorum et Malorum (Del supremo bien y el supremo mal) (Libro II: Crítica al epicureísmo) (45 a.C.).

En el libro I de De Finibus Bonorum et Malorum descubrimos ciertos aspectos de la teoría epicúrea, su crítica por parte de Marco Tulio Cicerón y su defensa por Lucio Torcuato. La teoría fue tan extensamente explicada que sólo queda la crítica por parte del orador para establecer la diferencia entre lso dos modos de vida irreconciliables (en ciertos aspectos): estoicismo y epicureísmo. Quizás aquí podamos responderá la pregunta ¿La sabiduría no es deseable si no es placentera? Claro, será respondida en base a la opinión de alguien que prefiere mucho más el estoicismo que el epicureísmo. Veamos que nos tiene que decir el gran orador. 

Referencias:

(1) No hay mucha información de Jerónimo, salvo en los libros de Cicerón y Diógenes Laercio.
(2) Parece haber dos clases de placeres: el primero en movimiento que es experimentado en el momento; y el otro que es cuando dura en el tiempo (placer estable). 
(3) Los romanos decidieron que los cónsules siempre debieran ser dos porque así uno podría moderar el poder del otro.
(4) En el libro anterior, en la sección del hombre epicúreo. 

De Finibus Bonorum et Malorum

LIBRO II: CRÍTICA AL EPICUREÍSMO


Cicerón pone en claro que no le gusta parecer un gran filósofo refutando argumentos, sino que más bien quiere ser moderado debatiendo punto por punto lo planteado. 

Conceptos a rebatir

Definición 

Se vuelve a refutar el concepto de definición porque Epicuro lo rechazaba totalmente; sin embargo, Cicerón asegura que el mismo Epicuro lo utilizaba sin darse cuenta. Esto queda claro, pues es obvio que para saber qué es el placer es necesario definirlo bien. 

Inmediatamente, Torcuato defiende a su maestro diciendo que el concepto de placer no es necesario definirlo: todos saben lo que es el placer. Pero Cicerón insiste que ni el mismo Epicuro entiende bien su propio concepto. 

Hubo en Grecia un filósofo muy destacado que también habló del placer. Su nombre era Jerónimo de Rodas(1), quien decía que el placer era ausencia de dolor. El filósofo también decía que el placer no debía buscarse por sí mismo porque una cosa es carecer de dolor y otra es estar alegre. Torcuato acepta a regañadientes esta definición y siguen la discusión.

Es claro que cuando se tiene sed y ésta se sacia se siente cierto placer, pero ¿qué pasa luego de saciar la sed? ¿Acaso no es el mismo placer que se experimentó al momento de aplacar la sed? Torcuato nos dice que no es el mismo placer, es uno diferente. El segundo placer es un placer estable, mientras el que se experimentó al momento de aplacar la sed está en movimiento(2)

Término medio entre placer y dolor

Sin embargo, decíamos en el libro anterior que la ausencia de dolor es el placer supremo. ¿Será lo mismo la ausencia de dolor que el placer supremo? Torcuato cae en un error, pues la ausencia de dolor ya no es el placer supremo, sino más bien un placer estable

Cabe preguntarse, cuando no sentimos ni dolor ni placer ¿estamos en un estado de placer supremo? Pongamos un ejemplo, quien prepara vino sin tener sed, ¿se encuentra en el placer supremo? Torcuato no responde a esta pregunta, y pide que en vez de hablar dialécticamente, se hable por medio de la oratoria, aunque ese es precisamente el problema de Epicuro, pues de mucha exposición oratoria no analiza los puntos en que está débil. 

Además, la obstinación de aceptar la dicotomía placer/dolor nos llevaría a tener una vida en exceso, pues, según los epicúreos, vivir bien sería vivir con buen gusto, pero no todos los con buen gusto viven bien porque, en la antigua Grecia, estos sibaritas terminaban vomitando encima de la mesa tratando de colmar todos sus placeres. 

Debe existir un término que excluya el placer para vivir una vida moderada y no llena de excesos. En todo caso, si el supremo placer es ausencia de dolor ¿por qué no el supremo dolor es ausencia de placer? (cosa que los epicúreos nunca tomaron en cuenta).  

División de los deseos

Para Cicerón, la división de los deseos de la filosofía epicúrea en:

Naturales y necesarios
Naturales e innecesarios
Artificiales e innecesarios

Es errónea pues está fragmentando dos grandes géneros: naturales y artificiales. Lo correcto hubiera sido ordenar entre deseos naturales y artificiales. 

Las pasiones necesitan límites

Esto también lo decía el filósofo Epicuro, pero en el libro anterior habíamos visto que la pasión sólo podría llevar al dolor. Para Cicerón, las pasiones no pueden tener límites pues son esencialmente malas; por ejemplo, sería absurdo decir que alguien es moderadamente adúltero. 


Otros autores que hablaron sobre el placer

Epicuro no fue el único que habló sobre el placer, también estuvieron otros griegos hablando de él, incluyendo a Platón y Aristóteles, pero a estos últimos los veremos después. 

Aristipo de Cirene

Fundador de la escuela cirenaica, Aristipo postulaba que el placer era el bien mismo. Para éste filósofo, el supremo bien no es nada más ni nada menos que el mismísimo placer. Básicamente, mientras más placer, mayor felicidad habrá en el hombre. 

Jerónimo de Rodas

Por otro lado teníamos al ya mencionado Jerónimo de Rodas, quien postulaba que el supremo bien era la ausencia de dolor. 

Carnéades de Cirene

Otro filósofo de la Academia quien postulaba que el supremo bien es la inclinación natural.

Todos estos autores a los ojos de Cicerón están equivocados, pues el placer no puede estar al lado del supremo bien. De hecho, no es el placer el que determina el bien, sino la razón. 

Cicerón lanza una fuerte crítica a toda la escuela cirenaica, diciendo que esta considera al hombre como una bestia que de lo único que debe preocuparse es de satisfacerse, pensando sólo en sí mismo. Por el contrario, Cicerón nos dice que lo importante en la filosofía es la virtud y aquella sólo se puede lograr bajo el principio aristotélico: comprender y obrar. 

La moral estoica contra la moral epicúrea

La moral, de acuerdo con las palabras de Cicerón, existe de manera independiente de la ventaja o de la desventaja que pudiera proporcionar. En otras palabras, la moral es un concepto que se prefiere en sí mismo y no por el placer que produzca. 

Por otro lado, la moral no está relacionada con el placer, pues el placer sólo se relaciona con los sentidos. Como decía Platón en el Fedro:

''La vista es el mejor de los sentidos, pero con él no vemos la sabiduría''

Encima de esto, la moralidad es importantísima y más elevada que el; por ejemplo, imaginémonos la situación de Pompeyo Magno, quien en el año 50 a.C. (antes de su rivalidad con Julio César) no tuvo compañero como cónsul(3). Esto quiere decir que Pompeyo podría haber hecho todo tipo de injusticias teniendo el poder como cónsul; sin embargo, no lo hizo porque era uno de los romanos más moderados de toda la República. 

Un ejemplo más fácil sería este: imaginemos que un amigo nos encarga la herencia de su hija. Debemos pasar esa herencia a la hija, pero, si seguimos nuestros impulsos naturales (como el placer) ¿qué deberíamos hacer? si nos quedamos con la fortuna seremos epicúreos porque seguiríamos la lógica del placer. 

¿A quienes recordamos más?

Grecia y Roma tiene a sus héroes y estos han hecho todo por salvarla de todas sus invasiones. En todo caso, no sólo los héroes guerreros, sino que también legisladores, estrategas o administradores, son recordados por sus grandes hazañas; la historiografía los registra. 

En cambio, ¿recordamos a quienes se colmaron de placeres todo el tiempo? es más digno de alabanza un hombre que da la vida por su patria, a quien da la vida por los placeres, pues lo último no tiene nada de noble. 

Utilidad y placer confrontados... 

Ciertas situaciones difíciles nos hacen replantearnos el placer y la utilidad. El amor, según Cicerón, es ver colmado de placeres a esa persona que amamos, a pesar de que a nosotros no se nos de ningún provecho. Un epicúreo podrá decir que para él o ella será placentero tener tales sentimientos, pero no olvidemos que la filosofía epicúrea se basa en el utilitarismo; es decir, si el placer me es más provechoso, tendré que elegirlo. 

Lamentablemente, para un epicúreo la amistad durará mientras dure la utilidad. ¿Qué clase de amistad podría ser esa basada en la utilidad? El mismo Torcuato nos dijo que la amistad debe buscarse por su utilidad(4). Si hemos de ser buenos amigos, entonces amémonos por nosotros mismos y no por las utilidades de dicha amistad.  


El fin de los hombres

Si fuera porque el placer sea el bien supremo, entonces lo animales son los seres de mayor alabanza que existen. ¿Tendremos que volver a ser animales para ser felices? El hombre, dice Cicerón, está para cosas más altas a construir y hacer. 

Finalmente, Cicerón le pide a Torcuato que no piense ni siquiera en los héroes de la antigua Grecia, sino que solamente piense en los héroes de Roma y vea si alguno de ellos ha sido alabado por procurarse placeres. A este respecto, Torcuato no responde, pero da a entender que el diálogo aún no termina. 

Conclusión

Una fuerte crítica al epicureísmo y al placer en todas sus formas que en todo caso, nada más se esperaba de un estoico. Pero, ¿dónde está el placer finalmente? ¿acaso nada es querido por sí mismo a menos que tenga placer? Si el placer está unido a la utilidad, entonces nada sería gustoso por sí mismo, sino que por su utilidad. Verdaderamente, Torcuato tendrá una difícil defensa de su maestro porque hasta ahora, lo dicho por Cicerón parece irrefutable. Sin embargo, en el próximo diálogo ya no estará Torcuato. 

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